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viernes, 5 de septiembre de 2014

¡No más periodistas caídos!



Esta semana voy a dedicar este espacio a un colega, James Foley, que como muchos, en el mundo, en la historia, en nuestro país, le tocó ser víctima de un conflicto completamente ajeno a su responsabilidad pero el precio de su fotoperiodismo en las zonas de guerra, le cobró la vida como si fuera un blanco más de esa -pugna-.

Confieso que como colega estoy profundamente conmovida, sin embargo, mientras me dedicaba a preparar el espacio de esta semana, descubrí que él y su familia son católicos y eso terminó de derrumbar mi ánimo. Sí, derrumbarlo. ¿Cuántos cristianos más van a morir en esta guerra inútil? ¿Cuántos periodistas más van a ser blanco de estas guerras?

Foley, llevó a través de su trabajo, el lado humano de las guerras, el sufrimiento, el padecimiento y la lucha por sobrevivir de cientos y miles de personas, con su cámara y su carácter dócil, llevó sosiego a muchos.

En el 2002, el periodista israelí – estadounidense del diario The Wall Street Journal, Daniel Pearl, a sus 39 años, también fue decapitado, en su caso, por terroristas musulmanes en Pakistan.
En nuestra iglesia, los apóstoles San Pablo y San Juan y el Bautista San Juan también murieron de la misma forma.

"Amable, amistoso y valiente"
En 2011 James Foley había trabajado como corresponsal en Afganistán para el periódico dependiente del Departamento de Defensa de EE.UU. Stars and Stripes.
Además, ese mismo año pasó seis semanas detenido en Libia por fuerzas del régimen de Muamar Gadafi junto a otros periodistas.
Foley compartió sus días de cautividad en Libia junto a la periodista estadounidense Clare Morgana Gillis, quien en 2013 escribió una emotiva carta abierta en la que pedía la liberación del reportero, al que describía como alguien que "ve la bondad en casi todo y en casi todo el mundo" y como "un gran motivador".
En la misiva Gillis explicaba cómo Foley había organizado campañas para recaudar fondos para los familiares de uno de sus compañeros de profesión de origen sudafricano que había muerto en la misma emboscada en Libia en la que él había sido capturado y para comprar una ambulancia para un hospital de la ciudad siria de Aleppo en la que había pasado varias semanas documentando el arduo trabajo de los médicos del centro que debían salvar vidas con muy pocos medios.
La periodista aseguraba en la carta que la cautividad es "el estado más violentamente opuesto" a la naturaleza de Foley, del que decía era "amable, amistoso, valiente" y alguien que cae bien a todo el mundo "por su buen humor" y su cercanía.
Por otra parte, la familia del periodista pidió oraciones para superar la trágica muerte de James.
Foley, de 40 años, era el mayor de cinco hermanos. Nació en el seno de una familia católica de Boston. En el año 2011 fue secuestrado en Libia y luego de 45 días de cautiverio reveló que rezar el rosario, como lo hacían su madre y su abuela, le dio la fuerza para sobrevivir.
En declaraciones a la prensa el pasado jueves, el sacerdote Paul Gousse, amigo de la familia Foley y quien conoció al periodista, afirmó que James “fue un hombre al que le preocupaba la gente y era una luz. Era un hombre que tenía una profunda compasión y amaba a las personas”.
Aunque la familia Foley no ha tenido contacto con la prensa, su madre Diane salió de su hogar rumbo a la iglesia para rezar y ayer publicaron un comunicado en el que manifestaron su dolor.
El sacerdote los acompañó por 45 minutos. "La madre de Jim (James) me dijo, justo antes de partir, al darme un abrazo: ‘Por favor rece por mí, para no amargarme. Yo no quiero odiar’”.
Foley fue secuestrado en Siria mientras trabajaba como periodista independiente para la agencia GlobalPost. Su familia nunca volvió a saber de él, desde el 2012, hasta ayer, cuando se difundió el video de su ejecución.
El rosario y la prisión
En las últimas horas distintos medios de prensa recogieron una carta que en el año 2011 escribió para la revista de la universidad católica Marquette de Milwaukee luego de ser prisionero de las fuerzas partidarias del gobierno libio.
“Rezaba para que mi madre supiera que yo estaba bien (...) Comencé a rezar el rosario. Es lo que mi madre y mi abuela hubiesen rezado. Recitaba 10 Avemarías entre cada Padrenuestro. Tomaba mucho tiempo, casi una hora, contar 100 Avemarías con mi nudillos. Y me ayudaba a mantener la mente enfocada”.
“Clare (su colega secuestrada) y yo rezábamos juntos en voz alta. Se sentía consuelo al confesar nuestra debilidad y esperanzas juntos, con si estuviéramos conversando con Dios, más que estando en silencio y soledad”, escribió Foley.
Cuando fue liberado lo primero que hizo fue recitar una oración y llamar a su madre por teléfono. Entonces le dijo: “Recé para que supieses que estaba bien ¿recibiste mis oraciones?”. Su madre respondió: ‘Jimmy, hay muchas personas rezando por ti. Todos tus amigos: Donnie, Michael Joyce, Dan Hanrahan, Suree, Tom Durkin, Sarah Fang, que ha llamado; tu hermano Michael, que te quiere mucho’”.
La familia del periodista ha pedido que, por respeto, la gente no vea el video de su ejecución.

"Nunca hemos estado más orgullosos de nuestro hijo Jim -escribió su madre, Diane Foley, en Facebook-. Dio su vida intentando mostrar al mundo el sufrimiento del pueblo sirio. Imploramos a los secuestradores que perdonen la vida del resto de rehenes. Como Jim, son inocentes y no tienen control sobre la política del Gobierno estadounidense en Irak, Siria ni en ningún lugar del mundo”.
Fuentes: El Nacional y ACI Prensa.

lunes, 4 de agosto de 2014

Papa Francisco: “Les pido perdón”



Uno de los temas más controversiales que ha tenido que afrontar la iglesia católica se refiere a los abusos sexuales por parte de algunos sacerdotes. Hoy en día todos debemos saber que dichas circunstancias han sido profundizadas desde el Papa, hoy santo, Juan Pablo II, las encaró directamente Benedicto XVI y ahora Francisco sigue adelante.

Son realidades nefastas que asumimos como iglesia, pero que también debemos asumir como sociedad y como familia para erradicarlas de todos los sectores. Evidentemente dentro del seno de la iglesia generan mucho horror y escándalo, tanto por el horror que significa como por aquellos que solo esperan conseguir cualquier debilidad para hundirnos. Vaya que ésta es una gran debilidad pero, ha sido asumida y encarada por, al menos, los últimos 3 pontífices sucesores de Pedro que nos guían dentro de nuestra iglesia.
¿Por qué digo que debemos encararlo como sociedad y como familia? La respuesta es muy muy fácil. Usted quizás podrá decir: “yo no soy católico, eso no me interesa y si hacen esas barbaridades pues menos seré católico”. Y cosas a este estilo uno escucha, sin embargo, ¿cuántos casos de maestros, profesores, padrinos, tíos, cualquier tipo de familiar, representante o allegado, hemos escuchado de forma secreta que abusó de algún niño o niña cercano a su entorno? Seguramente muchos. Ningún caso justifica otro. Ningún caso tapa a otro. Todos son importantes, pero los escándalos de la iglesia venden más y por eso los medios de comunicación seculares se enfocan en éstos y ante semejante escándalo es comprensible que cualquier familia sencilla y humilde no quiera someterse al mismo bochorno en su comunidad y exponer a sus hijos a lo mismo.

Si nos comportáramos como una sociedad seria, decente, hermana, solidaria, estos casos en lugar de regodearnos y convertirnos en celebradores de lo amarillista, brindaríamos ideas para erradicar estos flagelos de todos los sectores donde están presentes. La iglesia y el Papa han dado buenos pasos, nos toca ahora a nosotros avanzar también.
Esta semana de principios de julio, Francisco tuvo una Santa Misa en la que participó un grupo de víctimas de abusos por parte de sacerdotes. Fueron seis personas en total, acompañadas por familiares y amigos. Después de la celebración eucarística, fueron recibidas personalmente por el Papa. Estas son las palabras pronunciadas por el Papa: 

«La imagen de Pedro viendo salir a Jesús de esa sesión de terrible interrogatorio, de Pedro que se cruza la mirada con Jesús y llora. Me viene hoy al corazón en la mirada de ustedes, de tantos hombres y mujeres, niños y niñas, siento la mirada de Jesús y pido la gracia de su orar. La gracia de que la Iglesia llore y repare por sus hijos e hijas que han traicionado su misión, que han abusado de personas inocentes. Y hoy estoy agradecido a ustedes por haber venido hasta aquí.
Desde hace tiempo siento en el corazón el profundo dolor, sufrimiento, tanto tiempo oculto, tanto tiempo disimulado con una complicidad que no, no tiene explicación, hasta que alguien sintió que Jesús miraba, y otro lo mismo y otro lo mismo… y se animaron a sostener esa mirada. Y esos pocos que comenzaron a llorar nos contagiaron la conciencia de este crimen y grave pecado.
Esta es mi angustia y el dolor por el hecho de que algunos sacerdotes y obispos hayan violado la inocencia de menores y su propia vocación sacerdotal al abusar sexualmente de ellos. Es algo más que actos reprobables. Es como un culto sacrílego porque esos chicos y esas chicas le fueron confiados al carisma sacerdotal para llevarlos a Dios, y ellos los sacrificaron al ídolo de su concupiscencia. Profanan la imagen misma de Dios a cuya imagen hemos sido creados.
Sé que esas heridas son fuente de profunda y a menudo implacable angustia emocional y espiritual. Incluso de desesperación. Muchos de los que han sufrido esta experiencia han buscado paliativos por el camino de la adicción. Otros han experimentado trastornos en las relaciones con padres, cónyuges e hijos. El sufrimiento de las familias ha sido especialmente grave ya que el daño provocado por el abuso afecta a estas relaciones vitales de la familia. Para estas familias ofrezco mis sentimientos de amor y de dolor.
Los pecados de abuso sexual contra menores por parte del clero tienen un efecto virulento en la fe y en la esperanza en Dios. Algunos se han aferrado a la fe mientras que en otros la traición y el abandono han erosionado su fe en Dios.
Ante Dios y su pueblo expreso mi dolor por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales cometidos por el clero contra ustedes y humildemente pido perdón. También les pido perdón por los pecados de omisión por parte de líderes de la Iglesia que no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso: esto llevó a un sufrimiento adicional a quienes habían sido abusados y puso en peligro a otros menores que estaban en situación de riesgo.
No hay lugar en el ministerio de la Iglesia para aquellos que cometen estos abusos, y me comprometo a no tolerar el daño infligido a un menor por parte de nadie, independientemente de su estado clerical.
Agradezco este encuentro. Y por favor, recen por mí para que los ojos de mi corazón siempre vean claramente el camino del amor misericordioso, y que Dios me conceda la valentía de seguir ese camino por el bien de los menores.



Fuente: www.news.va

Twitter e Instagram: @jovencatolica1. Dios les bendiga.


Cristianos perseguidos: HOY



Hay más cristianos perseguidos hoy que en los primeros siglos: es lo que dijo Papa Francisco en Santa Marta, quien presidió la misa en el día en que recordamos a los santos Protomártires de la Iglesia Romana, cruelmente asesinados a los pies de la colina del Vaticano por orden de Nerón después del incendio de Roma en el año 64.


 “Sabemos que no hay crecimiento sin el Espíritu: es Él quien hace la Iglesia, es él el que hace crecer a la Iglesia, es él el que convoca la comunidad de la Iglesia. Pero también requiere el testimonio de los cristianos. Y cuando el testimonio llega al final, cuando las circunstancias históricas nos piden un testimonio fuerte, allí están los mártires, los más grandes testigos. Y aquella Iglesia es regada por la sangre de los mártires. Y esta es la belleza de martirio. Comienza con el testimonio, día tras día, y puede terminar como Jesús, el primer mártir, el primer testigo, el testigo fiel: con la sangre”. Pero hay una condición para que el testimonio sea verdadero, agregó el Papa – “debe ser sin condiciones”


“Hemos escuchado el Evangelio, el que dice al Señor que lo sigue pero con una condición: ir a despedirse o a enterrar a su padre... el Señor lo detiene: “¡No!”. El testimonio es sin condiciones. Debe ser permanente, debe ser decidido, debe ser con aquel lenguaje que Jesús nos dice, que es tan fuerte: “Que tú sí sea sí, que tu no, no”. “Este es el lenguaje del testimonio”.


“Hoy - dijo el Papa - miramos esta Iglesia de Roma que crece, regada por la sangre de los mártires. Pero también es justo - continuó - que pensemos en tantos mártires de hoy, tantos mártires que dan su vida por la fe”. Es cierto que han sido muchos los cristianos perseguidos en la época de Nerón, pero “hoy - señaló - no son menos”: “Hoy en día hay tantos mártires en la Iglesia, muchos cristianos son perseguidos. Pensemos en el Medio Oriente, los cristianos que deben huir de las persecuciones, los cristianos asesinados por sus perseguidores. También los cristianos expulsados de manera elegante, con guantes blancos: esta también es una persecución. Hoy en día hay más testigos más mártires en la Iglesia que en los primeros siglos. Y en esta misa, recordando a nuestros gloriosos antepasados​​, aquí en Roma, también pensamos en nuestros hermanos y hermanas que viven perseguidos, que sufren y que con su sangre hacen crecer la semilla de tantas pequeñas iglesias que nacen. Oramos por ellos y también por nosotros”.


En la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo el Papa Francisco rezó el ángelus dominical con varios miles de fieles y peregrinos procedentes de Italia y de diversos países que se dieron cita en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras y recibir su bendición apostólica.


“Desde la antigüedad, la Iglesia de Roma celebra a los apóstoles Pedro y Pablo en una única fiesta en el mismo día, 29 de junio. La fe en Jesucristo los hizo hermanos y el martirio los convirtió en una sola cosa. San Pedro y San Pablo, tan diferentes uno del otro a nivel humano, fueron elegidos personalmente por el Señor Jesús y respondieron a su llamada, ofreciendo toda su vida. En ambos la gracia de Cristo hizo grandes cosas, los transformó: ¡y cómo los transformó! Simón había negado a Jesús en el momento dramático de la pasión; Saulo había perseguido a los cristianos con dureza. Pero ambos recibieron el amor de Dios y se dejaron transformar por su misericordia; así se convirtieron en amigos y apóstoles de Cristo. Por eso ellos continúan hablando a la Iglesia y aún hoy, nos muestran el camino de la salvación. También nosotros, si por caso cayéramos en los pecados más graves y en la noche más oscura, Dios siempre es capaz de transformarnos, así como transformó a Pedro y Pablo; transformarnos el corazón y perdonarnos todo, transformando así nuestra oscuridad del pecado, en un alba de luz. Dios es así: nos transforma, nos perdona siempre, como lo hizo con Pedro y como lo hizo con Pablo.


El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra muchos aspectos de su testimonio. Pedro, por ejemplo, nos enseña a mirar a los pobres con los ojos de la fe y a donarles lo más precioso que tenemos: el poder del nombre de Jesús. Esto hizo con aquel paralítico, le dio todo lo que él tenía: Jesús.


De Pablo, se cuenta tres veces el episodio de la llamada en el camino de Damasco, que señala el punto de inflexión en su vida, marcando claramente un antes y un después. Antes, Pablo era un enemigo acérrimo de la Iglesia. Después, pone toda su existencia al servicio del Evangelio. También para nosotros, el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestras vidas. No es posible oír esta Palabra y permanecer en el propio lugar, quedarse bloqueados en las propias costumbres. Ella nos empuja a vencer el egoísmo que tenemos en el corazón para seguir con decisión aquel Maestro que ha dado la vida por sus amigos. Pero es Él que con su palabra nos cambia; es Él el que nos transforma; es Él el que nos perdona todo, si nosotros abrimos el corazón y pedimos el perdón.


Fuente: www.news.va

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No juzgues al pecador



No podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo. No estamos aislados, nos somos cristianos a título individual. Si el nombre es: “cristiano”, el apellido es: “pertenezco a la Iglesia”, explicó el Papa en la catequesis. “Nuestra identidad es pertenencia al pueblo que lleva la bendición de Dios; a la Iglesia”.
En su segunda catequesis sobre la Iglesia el Obispo de Roma habló de la importancia del cristiano de pertenecer a este pueblo. Dios mismo se define como el Dios de sus padres; Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob –expresó Francisco-. Con nuestros padres Dios ha constituido una Alianza y permanece siempre fiel a su pacto y nos llama a entrar en esta relación que nos precede.
El pensamiento va primero, con gratitud a los que nos han precedido y recibido en la Iglesia. “Otros antes que nosotros han vivido la fe, nos la han transmitido y enseñado. Cuantos rostros queridos nos pasan delante de los ojos: padres, abuelos, familiares, que nos enseñaron la señal de la cruz y a rezar las primeras oraciones”.
Este camino no solamente lo podemos vivir gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el “hacélo solo” o los “jugadores libres”. La Iglesia es un “nosotros”. Hay quien entiende que puede tener una relación personal directa, inmediata con Jesucristo, fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. “Yo creo en Dios, creo en Jesús pero la Iglesia no me interesa…”. Es una tentación peligrosa y dañosa, una dicotomía absurda –afirmó el Sucesor de Pedro-. “Caminar juntos es difícil pero es en nuestros hermanos y hermanas con sus dones y sus límites que Jesús viene a nuestro encuentro y se hace reconocer”.
El Vicario de Cristo concluyó la catequesis afirmando que “no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos; no se puede estar en comunión con Dios sin estarlo con la Iglesia y no podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que buscan al Señor Jesús, como un único pueblo y un único cuerpo”.
Aquí el texto del Papa: “Dios ha querido formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la Tierra. En Jesucristo, lo establece como signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y entre ellos. De ahí la importancia de pertenecer a este pueblo. Nosotros no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta. Nuestra identidad es pertenencia. Decir «soy cristiano» equivale a decir: «Pertenezco a la Iglesia». Soy de ese pueblo con el que Dios estableció desde antiguo una alianza, a la que siempre es fiel. De aquí nuestra gratitud a los que nos han precedido y acogido en la Iglesia, quienes nos enseñaron a rezar y pidieron para nosotros el Bautismo. Nadie se hace cristiano por sí mismo. La Iglesia es una gran familia, que nos acoge y nos enseña a vivir como creyentes y discípulos del Señor. Y no sólo somos cristianos gracias a otros, sino que únicamente podemos serlo junto con otros. En la Iglesia nadie va «por libre». Quien dice creer en Dios pero no en la Iglesia, quien dice tener una relación directa con Dios, con Cristo pero fuera de la Iglesia, cae en una dicotomía absurda. Dios ha confiado su mensaje salvador a personas humanas, a testigos, y se nos da a conocer en nuestros hermanos y hermanas.
Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos. Ninguno juega por libre. Somos un pueblo que camina. Muchas gracias”.
Otro de los discursos papales de esta semana que merece la pena ser mencionado aquí se refirió a las personas que juzgan a los demás: “Quien juzga al hermano, se equivoca, y terminará por ser juzgado al mismo modo. Dios es “el único Juez” y quien es juzgado podrá contar siempre con la defensa de Jesús, su primer defensor, y con el Espíritu Santo.
“Por eso, quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es para él. Pero no sólo se equivoca, también se confunde. ¡Está tan obsesionado con aquello que tiene que juzgar en aquella persona – ¡tan, pero tan obsesionado! – que confunde la realidad, es un fantasioso. Y quien juzga acaba derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarlo a él. El juez que se equivoca, porque toma el lugar de Dios –soberbio, autosuficiente– apuesta por una derrota. ¿Y cuál es la derrota? Aquella de ser juzgado con la misma medida con la que él juzga”.
“Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía al segundo, que es el Espíritu Santo. Él es el defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia, se llama ‘acusador’ al demonio, a Satanás. Jesús juzgará, sí: al final del mundo, pero mientras tanto intercede, defiende…”
“Si nosotros queremos ir por el camino de Jesús, más que acusadores tenemos que ser defensores de los otros delante del Padre. Yo veo una cosa fea en otro, ¿voy a defenderlo? ¡No! ¡Quedate callado! Andá a rezar y defendelo delante del Padre, como hace Jesús! ¡Rezá por él, pero no lo juzgués! Porque si lo hacés, cuando vos harás algo malo, serás juzgado. Recordemos esto bien, nos hará bien en la vida de todos los días, cuando nos vienen las ganas de juzgar a los otros, de hablar mal de ellos, que es una forma de juzgar”.
Fuente: www.news.va
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